Un hombre de abundantes cosechas se decía: derriba los graneros viejos y construye otros más grandes, y tómalo con calma, come, bebe y alégrate. Pero Dios le dijo: “Esta noche te reclaman el alma; y lo que has preparado, ¿de quién será?” (Lucas 12:20). La parábola sigue a una advertencia sobre la codicia y la envidia (12:13–15).
¿Dónde está la “necedad”?
Este hombre no es reprendido por trabajar duro o ahorrar prudentemente, sino por confiar únicamente en la riqueza para la seguridad absoluta, olvidando que es una criatura ante Dios. La conclusión: “Así es el que acumula tesoros para sí mismo, y no es rico para con Dios” (12:21).
Y lo que has preparado, ¿de quién será?
— Lucas 12:20Aplicación
Hágase preguntas sobre compartir, la caridad y los tesoros en el cielo (Lucas 12:33–34). Ser rico ante los ojos de Dios está vinculado a la misericordia y la confianza en Él, no solo al saldo de la cuenta bancaria.
No simplificar como “odio a los ricos”
La parábola no condena la agricultura ni el ahorro razonable para la familia; condena la mentalidad de posesión absoluta — ver la riqueza como una “fortaleza” contra la fragilidad de la vida humana. Los católicos pueden administrar las finanzas con honestidad mientras se preguntan semanalmente: ¿dónde descansa mi corazón? Esta pregunta difiere de “¿he alcanzado un nivel de santidad?” — es una vigilancia pastoral en la vida cotidiana.
El tono de Dios mismo en la historia
Las palabras “esta noche te reclaman el alma” no son una venganza cruel sino un llamado de atención: el tiempo es un don, no una propiedad personal. Al reunirse ante el altar familiar o después del trabajo, los hermanos y hermanas pueden agregar un himno o Salmo sobre la vanidad del orgullo — no para duplicar otros Salmos del sitio, sino para apuntar en la misma dirección: volverse a Dios.
Resumen
- Una advertencia contra la codicia y la confianza equivocada en la riqueza.
- La noche llega inesperadamente — nadie es dueño de la muerte.
- “Necedad” = olvidar a Dios y el verdadero propósito de la vida.
- Invitado a vivir ricamente “ante el Señor” mediante la caridad.


